Un hombre codicioso y un hombre envidioso se encontraron con un rey. El rey les dijo: “Uno de ustedes puede pedirme algo y se lo daré, siempre y cuando yo le dé el doble al otro”.
El envidioso no quería ser el primero en pedir, porque su compañero recibiría el doble, y el codicioso no quería pedir primero, porque quería obtener lo máximo posible.
Al fin, el codicioso insistió en que fuera el envidioso el primero en formular el pedido. Entonces el envidioso le pidió al rey que le arrancara un ojo.
¿Ven? Ser codicioso no es bueno, es mucho mejor ser envidioso. Buenas noches y dulces sueños. Hasta el mes que viene, querubines.
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