Prometeo, la divinidad griega que creó a los hombres, se encontraba terminando esta labor cuando se dio cuenta que había olvidado incluir dos cosas: los defectos propios y los ajenos.
Durante un tiempo observó su creación, buscando la forma de adosar estos faltantes sin arruinar la armonía de su obra.
Finalmente optó por no alterar al “hombre” que había creado, así que simplemente metió los defectos propios y los ajenos en dos bolsas. Ató los dos sacos con una cuerda y se los colgó al hombre en el hombro para que siempre tuviera presente la imperfección humana y se mantuviera humilde.
¡Pero hubo un problema! Dicen que lo que Prometeo no tuvo en cuenta es que la bolsa con los defectos ajenos fue colgada por delante del hombre, bien a la vista; mientras que los propios quedaron en la espalda donde era muy difícil verlos.
Es por eso, amiguitos, que nos cuesta tanto ver los defectos propios; y tan poco, los ajenos. Aunque también puede suceder, en contadas excepciones, que algunos de ustedes sean perfectos (como yo). En ese caso no se esfuercen en ver sus propios defectos, no los encontrarán. Dedíquense a criticar a los demás que, gracias a Prometeo, es mucho más fácil y entretenido.
Buenas noches, y recuerden sacar la basura cuando mami se los pide. Recuerden: un niño bueno es un niño que siempre tendrá los mejores juguetes. Hasta la próxima.
Más cuentitos en www.drakon.com.ar
No hay comentarios:
Publicar un comentario