Esta "desagradable" experiencia con final feliz me ha motivado a traerles un cuentito que habla sobre lo importante que es ser imprescindible para los demás. Cuentan que en una ocasión el capitán de un barco tuvo un problema: se rompió la caldera de su embarcación. Desesperado, ni bien llegó a un puerto, buscó un mecánico local.
Luego de mostrarle la caldera al buen hombre, el capitán le preguntó si podría arreglarla. "Sí", le dijo el mecánico, "pero necesito que me deje a solas unos minutos". El capitán se retiró pero, intrigado por el pedido, decidió espiar por una ventanita. Desde allí pudo ver como el hombre sacaba una gran llave inglesa de su caja de herramientas y le pegaba un tremendo golpe a la caldera, la cual, volvió a funcionar inmediatamente.
"Listo, ya la arreglé", dijo el muchacho al salir de la habitación, "Me debe 1.000 pesos". El capitán se indignó con la cifra y reclamó: "Muy bien, pero voy a necesitar un recibo donde me detalle el trabajo realizado y los costos".
El mecánico escribió un rato sobre una hoja, tomó sus 1.000 pesos y se fue. El capitán desdobló la nota y la leyó: "Costo por golpear la caldera: 1$. Costo por saber donde golpear: 999$.
Ya ven amiguitos, aprendan a ser indispensables con los demás. Es la única forma en que serán respetados. Es una cruel lección que todos hemos aprendido hoy, especialmente el director de esta revista. Buenas noches, querubines.
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