La mula se quejó a su dueño: “¡Qué injusticia, patrón! Ambos cargamos la misma cantidad de cereal sobre nuestros lomos y sin embargo él se lleva el doble de alimento que yo!” El hombre decidió entonces reducirle la ración al burro para que la mula no se sintiera tratada injustamente.
A los pocos días mientras viajaban hacia el pueblo con la cosecha, el burro comenzó a cansarse. Era muy viejo y las piernas no le respondían. Trataron de continuar pero el pobre animal, cada vez más agitado, se desplomó y murió en la mitad del camino. El campesino tomó la carga del burro y se la puso a la mula: “Ahí tienes, ¿querías justicia? Ahora deberás llevar todo el peso.”
Mis queridas mandarinas en almíbar, la lección de hoy es que no hay que envidiar a los demás sin antes haber evaluado de-ta-lla-da-men-te que beneficios estamos obteniendo de ellos. A veces darle al otro más que a uno mismo, regresa con creces. Sean generosos niños. La mejor forma de egoísmo es pensar en los demás, se los digo por su propio bien.
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