sábado, 12 de abril de 2008

Sobre la gratitud

En un lejano y bello bosque vivían una zorra y un buey. Ambos eran amigos y tenían mucha hambre. “Tengo una idea”, le dijo la zorra al buey un día, “¿por qué no cazamos juntos? Así tendremos más posibilidades de capturar alguna presa.”

El buey estuvo de acuerdo, así que ambos se adentraron en la espesura. Pero en un momento, la zorra se encontró frente a frente con un terrible león. “Señor león, si usted no me come, estoy dispuesta a hacerle un favor: le entregaré en bandeja un sabroso y rechoncho buey para que calme su apetito.” El león aceptó, así que la zorra volvió hasta donde estaba el buey y lo engañó para que cayera en un pozo del cual no podía salir.

La zorra volvió a buscar al león y lo llevó hasta donde estaba el buey. “¿Ve señor león? Le he hecho el favor que le prometí.” El león observó al buey y dijo: “Ya lo creo que me has hecho un favor. Como el buey no puede escapar de allí, me dedicaré a cazarte a ti primero. Dejaré a tu amigo para comerlo luego.”

Y así fue como la zorra terminó siendo el almuerzo del león. Supongo querubines que a esta altura del relato estarán pensando: “¡Ufa! ¡Ahora el osito Navaja nos va a aleccionar con eso de que no hay que traicionar a los amigos o algo así!.” No chiquitos, no. La moralina me da acidez. La enseñanza de hoy es que nunca deben hacerle favores a los demás apelando a su generosidad o gratitud. Las personas nunca piensan en los demás. Los demás sólo les harán favores cuando puedan obtener algo a cambio para su propio beneficio.

Moraleja: cuando pidan algo, asegúrense de estar dando algo a cambio. Lo gratis, a la larga siempre sale caro amiguitos. Desconfíen de las promociones y las promotoras escotadas. Sweet dreams, darlings.

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