El buey estuvo de acuerdo, así que ambos se adentraron en la espesura. Pero en un momento, la zorra se encontró frente a frente con un terrible león. “Señor león, si usted no me come, estoy dispuesta a hacerle un favor: le entregaré en bandeja un sabroso y rechoncho buey para que calme su apetito.” El león aceptó, así que la zorra volvió hasta donde estaba el buey y lo engañó para que cayera en un pozo del cual no podía salir.
La zorra volvió a buscar al león y lo llevó hasta donde estaba el buey. “¿Ve señor león? Le he hecho el favor que le prometí.” El león observó al buey y dijo: “Ya lo creo que me has hecho un favor. Como el buey no puede escapar de allí, me dedicaré a cazarte a ti primero. Dejaré a tu amigo para comerlo luego.”
Y así fue como la zorra terminó siendo el almuerzo del león. Supongo querubines que a esta altura del relato estarán pensando: “¡Ufa! ¡Ahora el osito Navaja nos va a aleccionar con eso de que no hay que traicionar a los amigos o algo así!.” No chiquitos, no. La moralina me da acidez. La enseñanza de hoy es que nunca deben hacerle favores a los demás apelando a su generosidad o gratitud. Las personas nunca piensan en los demás. Los demás sólo les harán favores cuando puedan obtener algo a cambio para su propio beneficio.
Moraleja: cuando pidan algo, asegúrense de estar dando algo a cambio. Lo gratis, a la larga siempre sale caro amiguitos. Desconfíen de las promociones y las promotoras escotadas. Sweet dreams, darlings.
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