El león, furioso, mandó a buscar a la zorra para matarla y comérsela. Una vez que la llevaron ante él, le dijo: “¿Quién te crees que eres que no has tenido la gracia de venir a ver a tu moribundo rey cuando más necesito del afecto de mis subditos? ¡Doy gracias al lobo que me ha hecho ver tu ingratitud!”
“Su majestad”, dijo la zorra, “¿Cómo puede pensar que no he pensado en usted? Por el contrario creo ser el animal que más se ha preocupado por usted. En lugar de perder el tiempo aquí viéndolo morir, he dedicado mi tiempo a buscar la cura a su mal y la he encontrado. Si el rey quiere curarse, deberá ponerse sobre los hombros durante una semana la piel de un lobo y el mal desaparecerá.”
Ese mismo día, el lobo fue despeyejado. Una semana después, el león había había muerto y la zorra retozaba feliz por la sabana.
Niñitos, nunca ataquen a sus enemigos directamente. Utilicen su astucia para que sus venganzas sean llevadas a cabo por otros más poderosos que ustedes. El ataque directo no sirve, quedan expuestos a la ira de los demás. Además, yo creo en el karma: si atacas al inocente, tarde o temprano la maldad volverá sobre ti. Pero si quieres dañar a alguien y en lugar de atacarlo envias a otro a hacerlo por ti, es dificil que el karma logre llegar a ti. Ejerzan el arte de la oblicuidad que consiste en desplazarse en diagonal, pero sin perder de vista el objetivo.
Recuerden: mantengan siempre las manos limpias. De gérmenes y de culpas.
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