Atormentado por la hinchazón, fruto de no poder evacuar correctamente sus excrementos, el Conde decidió no esperar más. El dolor era insoportable, así que se dirigió al establo y se sirvió una copa de la medicina que utilizaba para purgar a sus caballos.
Para cuando el médico llegó al castillo, el Conde ya estaba muerto. Las moralejas de hoy son varias. Algunas de ellas tienen espíritu sanitarista.
En primer lugar automedicarse no es correcto, niños. Tampoco la ingesta de remedios vencidos o vendidos sin su correspondiente receta.
La segunda moraleja es la más importante: las soluciones a los problemas ajenos no siempre son las indicadas para los nuestros. Ante un desafío, debemos buscar nuestra propia forma de enfrentarlo. La acción temeraria y original tiene siempre más probabilidad de éxito que el uso de una solución trillada.
El último consejo es simple. Para no acabar como el Conde, incluyan fibras en su dieta.
Más cuentitos en www.drakon.com.ar
No hay comentarios:
Publicar un comentario