miércoles, 9 de julio de 2008

Una paloma sedienta

Las desgracias ajenas no son algo agradable, pero muchas veces podemos aprender de ellas. No es bueno desearle el mal a los demás, pero siempre es preferible que las cosas malas les ocurran a los otros antes que a nosotros mismos. La observación es una poderosa arma para prevenir complicaciones. Lean mi cuentito de hoy y aprendan.

Una paloma sedienta volaba sobre la ciudad. La desesperación por agua la hacía volar sin rumbo fijo, tratando de encontrar algo para beber. En un afiche publicitario se veía a una bella modelo emergiendo de un lago. La paloma, sin pensarlo, se abalanzó sobre el cartel con tanta fuerza que se rompió el cuello con el golpe y cayó muerta al piso.

El cuentito de hoy es breve, pero no por eso menos aleccionador. La pobre paloma se dejó llevar por la desesperación. Créanme niñitos que el miedo y la angustia son poderosos narcóticos que nos hacen ver a la realidad desfigurada. La mejor estrategia es aprender a mantener la calma y la razón aún en la más desesperante de las situaciones.

Yo lo he aprendido. Nunca me pasará lo que a la paloma. Me tomo los problemas con calma y solo bebo whisky.

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