El papá y su primogénito avanzaban por la selva. Estaban cazando animales salvajes para su colección de pieles. Sorpresivamente, un enorme tigre saltó de entre la maleza y atacó al padre. Lo tomó del cuello y comenzó a arrastrarlo hacia la espesura. Desesperado por el miedo, el hijo desenfundó su escopeta y apuntó al animal.
El hombre, que era muy miserable, le gritó: "¡No dispares hijo! ¡Arruinarás la piel del tigre!" Y mientras el animal lo aniquilaba, el muchacho vio impávido como su padre se desangraba y era devorado.
Ser tacaño es uno de los peores defectos. Es una forma de dañarnos a nosotros mismos. Otros defectos dañan a los demás, pero la miseria nos angustia. Muchas veces ahorramos nuestros recursos y posibilidades presentes en nombre de un futuro mejor. Yo les digo, querubines, que hay que ser generosos con los demás y con uno mismo. Los centavos ahorrados hoy, no se multiplicarán en el futuro. ¡Gástenlos en alguna simpleza que los haga feliz! Y con respecto al mañana... bueno, preocúpense mañana.
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