martes, 11 de noviembre de 2008

Las virtudes

El cuentito de hoy habla de las virtudes y lo que ellas despiertan en los demás.

Un bello roble crecía fuerte y erguido en el bosque. A su lado, un matorral de rosa mosqueta buscaba abrirse camino entre las sombras de los árboles para alcanzar los rayos del sol.

El roble se burlaba constantemente: "Ja, ja. ¿Qué clase de vergüenza eres para los demás árboles? Mira tu tronco torcido y lleno de nudos, tus ramas escuálidas y tus pálidas hojas." Un buen día, las burlas del roble fueron interrumpidas por los hachazos de un leñador que lo taló y se lo llevó para construir su cabaña.

Sepan amiguitos que llamar la atención no siempre es bueno. A veces, esconder algunas cosas nos mantiene protegidos de las envidias y los ataques. Sean fuertes y esbeltos, pero sin despertar celos. Cuanto mayor es el ego, mayor es el peligro. Humildad, niñitos, humildad. Así mantendrán a los "leñadores" alejados.

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sábado, 11 de octubre de 2008

Visita al infierno

¡Mis queridos frutitos del bosque! Hoy les traigo una aleccionador cuentito que, aunque abundante en detalles escatológicos, está lleno de sabiduría.

Cuenta la historia que un hombre se murió y fue directo al infierno. Allí el diablo lo recibió y comenzó a pasearlo por las instalaciones del lugar: “Bienvenido. Como verá, tenemos una gran variedad de torturas para que usted elija la que sea de su preferencia. Sea cuidadoso con su elección, pues deberá permanecer en ese castigo toda la eternidad.”

En el primer salón, unos monstruitos clavaban agujas en los ojos de los condenados. El hombre quedó tan horrorizado que rechazó el castigo y le pidió al diablo que le mostrara otras torturas.

En la segunda sala, las personas estaban acostadas en camas de púas y recibían azotes en las plantas de los pies. Los gritos eran insoportables. “Preferiría ver alguna otra opción”, dijo el señor.

En el último castigo varios individuos se encontraban muy tranquilos. Estaban de pie dentro de una gran pileta de excrementos pestilentes. La asquerosa sustancia les cubría todo el cuerpo, hasta el cuello. Solo asomaban sus cabecitas. El hombre reflexionó: “Si logro acostumbrarme al mal olor, esto es mucho mejor que cualquiera de las otras torturas.”

"Me quedo aquí", dijo, y se metió en la apestosa pileta. El diablo lo saludó y se retiró. Asqueado por el mal olor, pero creyendo que había sido muy hábil con su elección, no pudo salir de su asombro cuando entró en la sala un monstruito agitando una campana y gritando: “¡Bueno, bueno! ¡Se terminó el recreo, a sentarse!”

La moraleja de hoy requiere cierto grado de sinceridad con uno mismo. Sepan querubines reconocer cuando el castigo que les llega es justo. Lo correcto es enfrentarlo con bravura y honestidad. Los errores deben pagarse en efectivo. Escapar de las responsabilidades conduce siempre a situaciones de mierda. ¡Dulces sueños!

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sábado, 13 de septiembre de 2008

Cuidado con los aprendices

El pastorcito paseaba a su rebaño por la ladera de una montaña cuando encontró a un cachorro de lobo abandonado a punto de morir de hambre. El joven lo adoptó y se lo llevó a vivir con él.

A medida que el animal crecía, le fue enseñando el arte del hurto. Por las noches lo enviaba a robar ovejas a los rebaños vecinos. Pasaron los años y el pastorcito se llenó de buenaventura gracias a su lobo.

Cuando el animal fue adulto, lo enfrentó y le dijo: "te agradezco que me hayas salvado, pero ha llegado el momento de que me independice. Así que cuida mucho a tus propias ovejas, ya que todo lo que me has enseñado, ahora lo usaré para mi único beneficio."

Cuidado amiguitos con los aprendices. Todos sentimos en algún momento de nuestra vida la necesidad de ser mentores en la vida de alguien, pero sean cuidadosos. Ya les he enseñado que el bien que más escasea es la gratitud (la verdadera). Nunca enseñen a sus seguidores nada que pueda ser utilizado en contra de ustedes. Quien enseña el mal, corre peligro que, tarde o temprano, ese mal sea utilizado contra él.

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domingo, 10 de agosto de 2008

La piel del tigre

Hoy estoy nostálgico. El haber nacido de un huevo de pascua en mal estado me ha condenado a la pena de no haber conocido a mis papás. Es por eso que las historias entre padres e hijos me enternecen. Aquí va una de mis favoritas.

El papá y su primogénito avanzaban por la selva. Estaban cazando animales salvajes para su colección de pieles. Sorpresivamente, un enorme tigre saltó de entre la maleza y atacó al padre. Lo tomó del cuello y comenzó a arrastrarlo hacia la espesura. Desesperado por el miedo, el hijo desenfundó su escopeta y apuntó al animal.

El hombre, que era muy miserable, le gritó: "¡No dispares hijo! ¡Arruinarás la piel del tigre!" Y mientras el animal lo aniquilaba, el muchacho vio impávido como su padre se desangraba y era devorado.

Ser tacaño es uno de los peores defectos. Es una forma de dañarnos a nosotros mismos. Otros defectos dañan a los demás, pero la miseria nos angustia. Muchas veces ahorramos nuestros recursos y posibilidades presentes en nombre de un futuro mejor. Yo les digo, querubines, que hay que ser generosos con los demás y con uno mismo. Los centavos ahorrados hoy, no se multiplicarán en el futuro. ¡Gástenlos en alguna simpleza que los haga feliz! Y con respecto al mañana... bueno, preocúpense mañana.

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miércoles, 9 de julio de 2008

Una paloma sedienta

Las desgracias ajenas no son algo agradable, pero muchas veces podemos aprender de ellas. No es bueno desearle el mal a los demás, pero siempre es preferible que las cosas malas les ocurran a los otros antes que a nosotros mismos. La observación es una poderosa arma para prevenir complicaciones. Lean mi cuentito de hoy y aprendan.

Una paloma sedienta volaba sobre la ciudad. La desesperación por agua la hacía volar sin rumbo fijo, tratando de encontrar algo para beber. En un afiche publicitario se veía a una bella modelo emergiendo de un lago. La paloma, sin pensarlo, se abalanzó sobre el cartel con tanta fuerza que se rompió el cuello con el golpe y cayó muerta al piso.

El cuentito de hoy es breve, pero no por eso menos aleccionador. La pobre paloma se dejó llevar por la desesperación. Créanme niñitos que el miedo y la angustia son poderosos narcóticos que nos hacen ver a la realidad desfigurada. La mejor estrategia es aprender a mantener la calma y la razón aún en la más desesperante de las situaciones.

Yo lo he aprendido. Nunca me pasará lo que a la paloma. Me tomo los problemas con calma y solo bebo whisky.

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miércoles, 11 de junio de 2008

El Conde con problemas intestinales

Había una vez un Conde que enfermó gravemente. Sus problemas intestinales le impedían cumplir con sus funciones fisiológicas normales. El médico más cercano estaba a millas de distancia.

Atormentado por la hinchazón, fruto de no poder evacuar correctamente sus excrementos, el Conde decidió no esperar más. El dolor era insoportable, así que se dirigió al establo y se sirvió una copa de la medicina que utilizaba para purgar a sus caballos.

Para cuando el médico llegó al castillo, el Conde ya estaba muerto. Las moralejas de hoy son varias. Algunas de ellas tienen espíritu sanitarista.

En primer lugar automedicarse no es correcto, niños. Tampoco la ingesta de remedios vencidos o vendidos sin su correspondiente receta.

La segunda moraleja es la más importante: las soluciones a los problemas ajenos no siempre son las indicadas para los nuestros. Ante un desafío, debemos buscar nuestra propia forma de enfrentarlo. La acción temeraria y original tiene siempre más probabilidad de éxito que el uso de una solución trillada.

El último consejo es simple. Para no acabar como el Conde, incluyan fibras en su dieta.

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sábado, 10 de mayo de 2008

La piel del lobo

Cuenta la leyenda que el león había enfermado gravemente. Todos los animales de la selva concurrieron a verlo. Entre ellos estaba el lobo que aprovechó la ocasión para ganarse la simpatía del rey y desprestigiar a su eterno enemigo: “Majestad, hemos venido todos muy preocupados a verte menos la zorra. Parece que no le han importado tus problemas de salud”.

El león, furioso, mandó a buscar a la zorra para matarla y comérsela. Una vez que la llevaron ante él, le dijo: “¿Quién te crees que eres que no has tenido la gracia de venir a ver a tu moribundo rey cuando más necesito del afecto de mis subditos? ¡Doy gracias al lobo que me ha hecho ver tu ingratitud!”

“Su majestad”, dijo la zorra, “¿Cómo puede pensar que no he pensado en usted? Por el contrario creo ser el animal que más se ha preocupado por usted. En lugar de perder el tiempo aquí viéndolo morir, he dedicado mi tiempo a buscar la cura a su mal y la he encontrado. Si el rey quiere curarse, deberá ponerse sobre los hombros durante una semana la piel de un lobo y el mal desaparecerá.”

Ese mismo día, el lobo fue despeyejado. Una semana después, el león había había muerto y la zorra retozaba feliz por la sabana.

Niñitos, nunca ataquen a sus enemigos directamente. Utilicen su astucia para que sus venganzas sean llevadas a cabo por otros más poderosos que ustedes. El ataque directo no sirve, quedan expuestos a la ira de los demás. Además, yo creo en el karma: si atacas al inocente, tarde o temprano la maldad volverá sobre ti. Pero si quieres dañar a alguien y en lugar de atacarlo envias a otro a hacerlo por ti, es dificil que el karma logre llegar a ti. Ejerzan el arte de la oblicuidad que consiste en desplazarse en diagonal, pero sin perder de vista el objetivo.

Recuerden: mantengan siempre las manos limpias. De gérmenes y de culpas.

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sábado, 12 de abril de 2008

Sobre la gratitud

En un lejano y bello bosque vivían una zorra y un buey. Ambos eran amigos y tenían mucha hambre. “Tengo una idea”, le dijo la zorra al buey un día, “¿por qué no cazamos juntos? Así tendremos más posibilidades de capturar alguna presa.”

El buey estuvo de acuerdo, así que ambos se adentraron en la espesura. Pero en un momento, la zorra se encontró frente a frente con un terrible león. “Señor león, si usted no me come, estoy dispuesta a hacerle un favor: le entregaré en bandeja un sabroso y rechoncho buey para que calme su apetito.” El león aceptó, así que la zorra volvió hasta donde estaba el buey y lo engañó para que cayera en un pozo del cual no podía salir.

La zorra volvió a buscar al león y lo llevó hasta donde estaba el buey. “¿Ve señor león? Le he hecho el favor que le prometí.” El león observó al buey y dijo: “Ya lo creo que me has hecho un favor. Como el buey no puede escapar de allí, me dedicaré a cazarte a ti primero. Dejaré a tu amigo para comerlo luego.”

Y así fue como la zorra terminó siendo el almuerzo del león. Supongo querubines que a esta altura del relato estarán pensando: “¡Ufa! ¡Ahora el osito Navaja nos va a aleccionar con eso de que no hay que traicionar a los amigos o algo así!.” No chiquitos, no. La moralina me da acidez. La enseñanza de hoy es que nunca deben hacerle favores a los demás apelando a su generosidad o gratitud. Las personas nunca piensan en los demás. Los demás sólo les harán favores cuando puedan obtener algo a cambio para su propio beneficio.

Moraleja: cuando pidan algo, asegúrense de estar dando algo a cambio. Lo gratis, a la larga siempre sale caro amiguitos. Desconfíen de las promociones y las promotoras escotadas. Sweet dreams, darlings.

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martes, 11 de marzo de 2008

Nunca ofendas a tu jefe

Un cazador tendió una red entre dos árboles y le colocó detrás una jaula con unos gorriones que había cazado. Luego se ocultó.

Un grupo de pájaros salvajes que volaba cerca, atraído por el canto de los gorriones enjaulados, se arrojó sobre la jaula.

Al caer en la red, las aves silvestres le recriminaron a los que se encontraban en la jaula: “¿Cómo es posible que siendo de la misma especie no hayan intentado al menos avisarnos del peligro?”. Uno de los gorriones enjaulados les respondió: “Es preferible el enojo de nuestros parientes que el de nuestro amo.”

Así es, mis bajitos, que es mejor ofender a los conocidos antes que al jefe. No lo olvides: ni tu esposa, ni tu suegra, ni tus hijos te pagan el sueldo a fin de mes. Querubines: nunca ofendan a la persona equivocada.

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miércoles, 6 de febrero de 2008

Moriré tres días antes que Su Majestad

¡Hola bomboncitos! Les taigo una bella historia medieval: una tarde el rey llamó al astrólogo de la corte a su habitación. Quería vengarse porque el adivino habia hecho una serie de predicciones que nunca se habían cumplido. Antes de que el hombre llegara, el rey indicó a sus sirvientes que, cuando él diera la señal, debían apresar al astrólogo, llevarlo hasta la ventana y arrojarlo al vacío.

Cuando llegó el astrólogo, el rey decidió formularle una última pregunta para mostrarle a todos que el adivino era un farsante: “Usted afirma entender de astrología y conocer el destino de los demás, así que dígame cuál será su propio destino y cuánto tiempo de vida le queda.”

El adivino, que no era ningún tonto, supuso que algo andaba mal y pensó un momento antes de contestarle: “Moriré exactamente tres días antes que Su Majestad”. Así fué como el rey le perdonó la vida, lo colmó de obsequios y lo protegió durante muuuuchos años.

Recuerden querubines que lo único que motiva al hombre es el interés personal. La gente rara vez actua en contra de sus propios intereses. Así que cuando quieran que papi y mami les compren algún lindo juguete, no supliquen. Sólo recuérdenles: "un niño feliz, es un niño que no les hará la vida imposible a sus padres".

Dulces sueños merengados, mis queridos.

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martes, 8 de enero de 2008

Los hombres y la Verdad

¡Mis queridos pancitos rellenos con dulce de leche! Hoy estoy inspirado para dejarles una aleccionadora historia para el público femenino que mes a mes sigue con fidelidad mis relatos.

Un viajante atravesaba un extenso desierto acarreando unas bolsas cuando encontró a una señora sentada sobre una roca. “¿Qué haces aquí sola, mujer?” La dama, sin levantar la vista le contestó: “Soy la Verdad. Hace mucho tiempo que los hombres ya no desean vivir conmigo.”

El viajante la palmeó en el hombro y le dijo: “No te preocupes, yo viviré contigo para que nunca vuelvas a estar sola. Espérame aquí. Llevaré las bolsas con cereal a la ciudad y regresaré por ti.” El hombre siguió camino bajo la mirada esperanzada de la Verdad y nunca volvió.

Ante todo niños, deben saber que el mundo es muy cruel y que nadie quiere escuchar la Verdad sobre ellos mismos. Así pues, la enseñanza de hoy es que si no quieren quedar solos, deben mentir. ¡Mientan descaradamente, mis querubines!

La segunda enseñanza es para todas las niñitas crédulas que siguen mis cuentitos: cuando un hombre les prometa que va a volver, no se queden como tontitas esperándolo. Se evitarán muchaz desilusiones y algún que otro embarazo no deseado.

Mis querubines, les deseo dulces sueños (de Verdad).

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lunes, 10 de diciembre de 2007

El burro, la mula y la envidia

Había una vez un burro y una mula. Un campesino los utilizaba para transportar el cereal de su cosecha al pueblo. Antes de cada viaje, les daba de comer una ración de alimento a la mula; y dos, al burro.

La mula se quejó a su dueño: “¡Qué injusticia, patrón! Ambos cargamos la misma cantidad de cereal sobre nuestros lomos y sin embargo él se lleva el doble de alimento que yo!” El hombre decidió entonces reducirle la ración al burro para que la mula no se sintiera tratada injustamente.

A los pocos días mientras viajaban hacia el pueblo con la cosecha, el burro comenzó a cansarse. Era muy viejo y las piernas no le respondían. Trataron de continuar pero el pobre animal, cada vez más agitado, se desplomó y murió en la mitad del camino. El campesino tomó la carga del burro y se la puso a la mula: “Ahí tienes, ¿querías justicia? Ahora deberás llevar todo el peso.”

Mis queridas mandarinas en almíbar, la lección de hoy es que no hay que envidiar a los demás sin antes haber evaluado de-ta-lla-da-men-te que beneficios estamos obteniendo de ellos. A veces darle al otro más que a uno mismo, regresa con creces. Sean generosos niños. La mejor forma de egoísmo es pensar en los demás, se los digo por su propio bien.

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lunes, 12 de noviembre de 2007

La zorra gorda y la zorra flaca

¡Hola, queridos querubines! Hoy les traigo una bella historia de animalitos: había una vez dos zorras muertas de hambre paseando por un bosque. Una de ellas descubre que en el hueco de un árbol hay escondida una canasta llena de pan fresco.

Como el hueco era muy pequeño una de las zorras le propone a la otra: “Tengo una idea. Yo que soy la más flaquita, me deslizaré por el agujero, sacaré el pan y luego lo compartiremos”.

La zorra delgada se deslizó a través del hueco, tomó el pan y se lo devoró, ante la desesperación de la amiga que miraba desde afuera como desaparecía la comida.

Un rato después, al querer atravesar el estrecho hueco, la zorra tenía el estómago tan hinchado que no pudo salir.

En ese momento, la zorra que estaba afuera vio a lo lejos que se aproximaba un cazador. Antes huir del lugar le dijo a su amiga: “Parece que el dueño de la canasta viene dispuesto a almorzar. Lástima que no compartiste el pan. Ahora podrías escapar conmigo”.

Niñitos, este cuentito tiene dos moralejas: en primer lugar, si quieres tener amigos no seas egoísta. La segunda lección es que más allá de las situaciones, en el mundo cruel y moderno en que vivimos las flacas siempre tienen más posibilidades de éxito.

Así que si quieren tener amigos pero además ser egoístas, comiencen la dieta hoy mismo. ¡Buenas noches y dulces sueños-diet!

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martes, 9 de octubre de 2007

Sobre la importancia de ser indispensable

¡Amiguitos mios! En el número anterior el despótico director de esta publicación se animó a aventurar la idea de que mi sección no aparecería en todos los números, sino que sería intercalada con otras cosas. Se ve que mi pedido de aumento de sueldo no le cayó muy bien. De todas formas quiero agradecer todos los emails defendiendo mis cuentitos. Gracias a ellos, he firmado contrato por un año con el newsletter y un suculento aumento cuya cifra no divulgaré.

Esta "desagradable" experiencia con final feliz me ha motivado a traerles un cuentito que habla sobre lo importante que es ser imprescindible para los demás. Cuentan que en una ocasión el capitán de un barco tuvo un problema: se rompió la caldera de su embarcación. Desesperado, ni bien llegó a un puerto, buscó un mecánico local.

Luego de mostrarle la caldera al buen hombre, el capitán le preguntó si podría arreglarla. "Sí", le dijo el mecánico, "pero necesito que me deje a solas unos minutos". El capitán se retiró pero, intrigado por el pedido, decidió espiar por una ventanita. Desde allí pudo ver como el hombre sacaba una gran llave inglesa de su caja de herramientas y le pegaba un tremendo golpe a la caldera, la cual, volvió a funcionar inmediatamente.

"Listo, ya la arreglé", dijo el muchacho al salir de la habitación, "Me debe 1.000 pesos". El capitán se indignó con la cifra y reclamó: "Muy bien, pero voy a necesitar un recibo donde me detalle el trabajo realizado y los costos".

El mecánico escribió un rato sobre una hoja, tomó sus 1.000 pesos y se fue. El capitán desdobló la nota y la leyó: "Costo por golpear la caldera: 1$. Costo por saber donde golpear: 999$.

Ya ven amiguitos, aprendan a ser indispensables con los demás. Es la única forma en que serán respetados. Es una cruel lección que todos hemos aprendido hoy, especialmente el director de esta revista. Buenas noches, querubines.

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lunes, 10 de septiembre de 2007

Abraham Lincoln

¡Hola amiguitos! Hace un par de newsletters atrás apareció el presidente Lincoln en la foto parlante. Esto me ha inspirado para traerles una anécdota real sobre este personaje.

En plena Guerra Civil de los Estados Unidos, durante un discurso Abraham Lincoln se refirió a los sureños como a hermanos que iban por el camino equivocado. Una señora del público lo increpó por no calificarlos de enemigos a quienes había que destruir. “Pero, señora –le contestó Lincoln-, ¿acaso no destruyo a mis enemigos al convertirlos en mis amigos?”

Medíten esta bella historia con la almohada, querubines. Hasta la próxima.

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viernes, 10 de agosto de 2007

Prometeo

¡Hola amiguitos! El cuentito de hoy forma parte de la mitología griega.

Prometeo, la divinidad griega que creó a los hombres, se encontraba terminando esta labor cuando se dio cuenta que había olvidado incluir dos cosas: los defectos propios y los ajenos.

Durante un tiempo observó su creación, buscando la forma de adosar estos faltantes sin arruinar la armonía de su obra.

Finalmente optó por no alterar al “hombre” que había creado, así que simplemente metió los defectos propios y los ajenos en dos bolsas. Ató los dos sacos con una cuerda y se los colgó al hombre en el hombro para que siempre tuviera presente la imperfección humana y se mantuviera humilde.

¡Pero hubo un problema! Dicen que lo que Prometeo no tuvo en cuenta es que la bolsa con los defectos ajenos fue colgada por delante del hombre, bien a la vista; mientras que los propios quedaron en la espalda donde era muy difícil verlos.

Es por eso, amiguitos, que nos cuesta tanto ver los defectos propios; y tan poco, los ajenos. Aunque también puede suceder, en contadas excepciones, que algunos de ustedes sean perfectos (como yo). En ese caso no se esfuercen en ver sus propios defectos, no los encontrarán. Dedíquense a criticar a los demás que, gracias a Prometeo, es mucho más fácil y entretenido.

Buenas noches, y recuerden sacar la basura cuando mami se los pide. Recuerden: un niño bueno es un niño que siempre tendrá los mejores juguetes. Hasta la próxima.

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sábado, 7 de julio de 2007

La codicia y la envidia

¡Hola amiguitos! Hoy les traigo una aleccionadora historia que les enseñará que no es bueno ser codicioso.

Un hombre codicioso y un hombre envidioso se encontraron con un rey. El rey les dijo: “Uno de ustedes puede pedirme algo y se lo daré, siempre y cuando yo le dé el doble al otro”.

El envidioso no quería ser el primero en pedir, porque su compañero recibiría el doble, y el codicioso no quería pedir primero, porque quería obtener lo máximo posible.

Al fin, el codicioso insistió en que fuera el envidioso el primero en formular el pedido. Entonces el envidioso le pidió al rey que le arrancara un ojo.

¿Ven? Ser codicioso no es bueno, es mucho mejor ser envidioso. Buenas noches y dulces sueños. Hasta el mes que viene, querubines.

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miércoles, 27 de junio de 2007

El hombre más mentiroso

Queridos niños, a partir de hoy seré el encargado de despedirlos y darles las buenas noches con un cuentito aleccionador.

Había una vez un rey que envió a sus heraldos por todo el país para que hicieran la siguiente proclama: “Aquel hombre de entre todos ustedes que demuestre ser el más grande de todos los mentirosos recibirá una manzana de oro puro, de las manos de Su Majestad el Rey”.

Comenzó a llegar al palacio gente de cada ciudad y aldea del país, de todos los rangos y condiciones. El rey, que estaba acostumbrado a escuchar mentiras, comenzó a cansarse. Nadie era lo suficientemente mentiroso como para convencerlo.

Un día se presentó ante él un hombre pobre. “¿Qué puedo hacer por ti?”, preguntó Su Majestad. “¡Su excelencia! –exclamó el harapiento, ligeramente cohibido-. Sin duda usted me recuerda. Usted me debe un pote de oro, y he venido a cobrar la deuda.” “¿Eres un perfecto mentiroso –replicó el rey-; yo no te debo dinero alguno!” “¡Ah! ¿Con que soy un perfecto mentiroso? ¡Entonces déme la manzana de oro!”

El rey, al darse cuenta de que el hombre quería tenderle una trampa, trató de defenderse. “¡No, no! No eres ningún mentiroso.” “En tal caso, déme el pote de monedas de oro que me debe, Señor.” El rey comprendió que no tenía escapatoria y le entregó la manzana de oro.

La moraleja, niños, es que hay que dejar que nuestras víctimas elijan su propio veneno, sin que se den cuenta que se lo hemos administrado nosotros. Que duerman bien y recuerden: nunca acepten regalos de desconocidos. Hasta el mes que viene, querubines.

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